Por qué el término “Síndrome de Asperger” ha dejado de utilizarse en los diagnósticos actuales

Durante décadas, el término “Síndrome de Asperger” formó parte del vocabulario clínico y social para referirse a personas dentro del espectro autista sin discapacidad intelectual ni retrasos significativos en el desarrollo del lenguaje. Sin embargo, la evolución del conocimiento científico ha llevado a replantear esta clasificación. Hoy, el diagnóstico oficial engloba estos perfiles bajo una denominación más amplia y precisa: Trastorno del Espectro Autista (TEA).

Un cambio impulsado por la evidencia científica

El abandono del término “Asperger” no responde a una decisión arbitraria, sino al consenso generado por años de investigación. Los estudios demostraron que no existen fronteras claras entre lo que antes se denominaba Asperger y otros perfiles dentro del espectro autista. En lugar de categorías separadas, los especialistas identificaron un continuo donde las características, intensidades y necesidades de apoyo varían de una persona a otra.

A ello se suma que los criterios diagnósticos que separaban unas categorías de otras dependían en gran medida del juicio subjetivo de cada profesional, lo que generaba inconsistencias y desigualdades en la evaluación. La unificación bajo el concepto de TEA busca, precisamente, mayor coherencia, rigor y equidad.

Una nueva mirada centrada en las necesidades de apoyo

El enfoque actual deja atrás las etiquetas rígidas y se centra en identificar qué grado de apoyo requiere cada persona en su vida cotidiana. La clasificación por niveles refleja esta orientación:

  • Nivel 1: necesita apoyo.
  • Nivel 2: necesita apoyo notable.
  • Nivel 3: necesita apoyo muy sustancial.

Además, el diagnóstico puede incluir especificadores sobre la presencia o ausencia de discapacidad intelectual o dificultades en el lenguaje. Estos aspectos no constituyen categorías diagnósticas independientes, sino matices dentro del mismo cuadro clínico.

El objetivo es ofrecer una visión más completa y ajustada a la realidad individual, reconociendo que el autismo no es un conjunto de compartimentos estancos, sino una condición diversa y multidimensional.

La vigencia del término en la identidad personal

Aunque el uso clínico de “Síndrome de Asperger” ha desaparecido de las guías diagnósticas, el término sigue teniendo peso en el ámbito social y personal. Muchas personas continúan identificándose como “Asperger”, especialmente quienes recibieron esa etiqueta antes del cambio o quienes encuentran en ella un elemento significativo de su identidad.
Los profesionales y entornos educativos recomiendan respetar siempre la preferencia de cada persona en la forma de ser nombrada. La desaparición del término en el ámbito clínico no invalida su valor simbólico o identitario para quienes lo eligen.
 

Un paso hacia una comprensión más inclusiva

La transición hacia el uso de “Trastorno del Espectro Autista” refleja una mirada más inclusiva, basada en el conocimiento y centrada en las necesidades reales de apoyo. Este cambio no solo aporta claridad diagnóstica, sino que también contribuye a una comprensión más respetuosa y ajustada a la diversidad neurológica presente en nuestra sociedad.